jueves, 14 de enero de 2010

Saltos oníricos



En el filo del tiempo


En el borde mismo de los sueños.

Donde cada palabra dicha salta al vacío,

al recuerdo, al olvido o al dolor de la indiferencia

Respiro, respiro.

En la vorágine de confusión.

Justo a la vera de los sentimientos.

Donde cada herida resucita,

se encarniza, palpita, duele.

En el alma, en los huesos o en la mente

Duermo, duermo.

En la ventana al infinito.

En el umbral a mi universo.

Donde la imaginación desfallece

en un verso, en un soneto, en una poesía

Sobre un blanco papel

Muero, muero...

lunes, 14 de diciembre de 2009

El dia despues

Mi nombre es Dionisio Rassinni, por años trabajé en las oficinas de un banco internacional en la ciudad de Mendoza. Durante mucho tiempo solo cumplí con mis obligaciones y me vi atrapado en la productiva rutina del trabajo, sumergiéndome en ella hasta convertirla en parte de mi vida misma. Fui ese soldado de la fuerza trabajadora, que pasaba casi inadvertido ante el mundo, con la convicción de aportar su pequeño grano de arena a esa casi utópica mega construcción que llamamos futuro.

Hoy desperté; y casi como si lo llevara grabado en los genes, me vestí para salir a trabajar solo entonces me di cuenta de la realidad, tan solo ayer había dejado de ser parte de esa fuerza activa, hoy casi vital para mi ser.

Sentí la extraña desazón de querer y no poder, miré mis manos ajadas, pero firmes, aun con bríos desafiantes.

Conforme la hora pasaba mis latidos aumentaban como si tuviera que apretar el paso para no llegar tarde. Entonces me pregunte, qué hacen los que no trabajan, cuál es la función de un recién jubilado; una rápida y fugaz imagen paso por mi mente, de pronto me vi marchito en un rincón sonriendo a veces en silencio, recordando alguna anécdota de oficina.

El reloj me impuso sus condiciones así es que decidí salir como siempre lo hacía. Al repetir esa rutina mi cuerpo calmó sus temblores, casi como si se tratara de alguna mágica medicina o una droga.

Caminé hasta el café al que siempre asistía; mirando, casi absorto del mundo, como el gentío comenzaba a rebullir marchando a sus trabajos, y yo…, como un soldado sin destino asignado. Me detuve en lo de Gaspar, el lustrabotas que hace más de diez años está en la misma esquina repartiendo por un par de monedas un poco de pulcritud a los pies de los transeúntes. Me senté silencioso y meditabundo mientras me pulía los zapatos siguiendo así mi viejo itinerario.

Busqué una mesa en el café justo frente a la esquina del banco que por mucho tiempo fue mi hogar fuera del hogar. Observé pasar a mis compañeros hasta el último de ellos, y otra vez sentí esa sensación de tener que levantarme rápidamente para no entrar tarde, pero la contuve disimulando como si me acomodara mejor en la silla. De pronto, la ventana de aquel café se convirtió en mi vitrina al mundo, ese mismo que recién ayer había dejado. Quizás esa fue la primera vez me planteé el valor del trabajo, y no solo por razones monetarias, sino como fuerza motora inyectora de vida.

En ese minuto hubiese entrado a trabajar solo por el gusto y la sensación de ser útil, sin esperar compensación de ningún tipo, solo la de sentirme vivo. Apuré el café de un trago y volví a casa pensando en cómo fue cambiando mi forma de ver la misma situación; de adolescente solo quería divertirme, mientras escuchaba a mi padre diciéndome lo importante que era ser un hombre productivo. Luego, de joven adulto, mi lucha por conseguir la tan mentada “estabilidad laboral”; y cuando al fin la tuve, fue el tedio por la rutina a la cual me resistía. Sarcásticamente hoy esa rutina resultaba ser el pedestal de mis días.

Esa tarde-noche en la casa de mi hijo mayor, una esplendida cena conmemoraba mi jubilación, así entre risas y anécdotas escuché la siguiente frase: “! Que suerte viejo!, ahora vas a descansar…”.

Qué ironía, pensaba exactamente todo lo contrario.

Mauricio E. Cárdenas

viernes, 11 de diciembre de 2009

Eternamente eres

Eres la calma en la tormenta

Cuando todo marcha mal

Eres la luz que me ilumina

En la plena oscuridad.

Eres mi talón de Aquiles

Mi fuerza y mi debilidad.

Eres todo lo que espero

Y lo que alcanzo a soñar.

Eres toda mi luz.

Eres todo mi fuego.

Eres un blanco sueño de amor

En mi mundo tan negro.

A veces no resisto llorar

Y eres tu mi pañuelo.

A veces el dolor se hace mar

Y eres tu mi velero.

Eres todo lo que quiero atrapar

Pero atraparte no puedo,

Porque siento que eres tu

Mi valor y mi miedo.

Mauricio E. Cárdenas

(Viejas poesias)


martes, 17 de noviembre de 2009

Un vacio en el tiempo (Viejas Poesias)

Se detuvo el reloj dormido en la pared

Ya no se movió, nunca dio las diez.

Hizo nido en mi garganta

Una gota de amarga hiel,

una filosa lágrima que me rasgó la piel.


Desgárrame la mente ¡Oh!... ponsoñoso recuerdo,

que te has quedado allí tan frió y temeroso.


Le grité al tiempo cruel, que cansado de andar

Se ha venido a cobijar en mi triste morada.

Ese grito que no fue, se ahogo en la nada

sin gestos ni miradas que pudieran comprender.


Se durmió el reloj

Y en mi mente torpe, ahora todo es tormenta,

Como un furtivo vacío en el tiempo

Que entre latido y latido vuelvo a visitar…


jueves, 12 de noviembre de 2009

Amanecer mendocino

La noche con su velo de estrellas, lentamente fue agonizando ante el incipiente sol de la mañana mendocina.

Una cálida brisa acariciaba su rostro; mientras, mate de por medio, dejaba que sus sabios ochenta y seis años escudriñaran el cielo, casi como buscando una señal que le llevara a comprender la felicidad que lo embargaba este día.

Desde el fondo de su rancho, el viejo puestero, tenía una única vista de la inmensidad de la cordillera. Alguna vez se sintió insignificante ante aquel imponente macizo, pero extrañamente hoy ese sentimiento había desaparecido.

Por alguna razón, el color del piedemonte le parecía más intenso, más vivaz, como si el paisaje quisiera saltar de su lugar para meterse en su corazón.

Muy, pero muy adentro de si mismo se sintió como un viejo tronco, el cual con sus raíces abraza las entrañas de la tierra. Sí, en ese momento se sintió tan argentino, que una lágrima invisible se le escapó del alma.

Ya con los rayos de sol bañando la montaña, recorrió con la mente aquellos senderos que transitara en sus años mozos. Las risas de sus hijos correteando tras las jarillas, y la tierna voz de su esposa, anegaron sus ojos en un dulce recuerdo.

De pronto la imagen de esos viejos tiempos contrastó chocantemente con el silencio y la soledad del presente.

Es que los hijos crecen, y buscan su propio destino; aunque éste se encuentre en lejanas tierras; por lo menos eso fue lo que comprendió cuando ellos se fueron.

Cuanta paz había ahora en la gastada casa, ausente de cuerpos, pero repleta de fantasmas y voces que la recorren hasta el olvido.

La luz del sol inundó cada rincón de aquel puesto; mientras, el viejo se hacia más joven en la mirada. Se sentía ahora tan fuerte y lúcido como aquel día en que decidió formar su propia familia.

Definitivamente sentía que aquel era un día perfecto. El solo hecho de sentir que le había arrancado un trozo de tiempo a esta vida; y que había dejado su impronta en los caminos, le hacía sentir casi tan orgulloso como de las dos semillas que le dieron continuidad a su sangre.

Cuan extraño y perfecto era este día, que al mirar a su alrededor podía entender la creación en su conjunto, la vida misma. Comprendió en ese momento que el motivo de ser es un regalo divino; y que la sabiduría que dan los años de nada sirve sin el don de la paciencia.

Tan bien se sentía esa mañana, que poco a poco deseó que aquel amanecer fuera eterno; lo que el anciano jamás supo, fue que su día perfecto, para él siempre sería eterno. Porque aquella mañana nunca despertó...


martes, 10 de noviembre de 2009

lunes, 2 de noviembre de 2009

"POLICRONIAS II"

Después de mucho esfuerzo y tiempo invertido en este proyecto, al fin será presentada la segunda antología literaria POLICRONIAS II, aunque esta vez con una mayor produccion.
El proyecto en que participan entre otros los autores Mauricio Cárdenas, Antonio Salvalaggio, Fernando Flores y Daniel Chamorro, la obra manteniene toda la fuerza de un grupo de jovenes escritores mendocinos que se impusieron la dificil tarea de llevar nuevas obras literarias al mundo escolar reivindicando el merecido lugar que los escritores "vivos" merecen dentro del mundo de las letras en la provincia de mendoza. Todo este trabajo se vio coronado con la desición de la Dirección General de Escuelas de declarar a este trabajo como de "interes educativo" motivo por el cual muchos de estos ejemplares llegaran a las escuelas mendocinas.
En esta ocasión ademas de los nuevos trabajos de los autores antes mencionados se incluyen las obras pictoricas de seis artistas mendocinos: Alfredo Ceverino, José Scacco, Drago Brajak, Fausto Marañón, Roberto Barroso, María Elena Correa, Facundo de La Rosa, Silvia Bove, Alicia Rivera, Zulma Jaluff, María Amelia Vilches y Daniel Altamirano.
La presentación se llevará a cabo el próximo domingo 8 de noviembre a las 17 hrs en el Espacio Contemporaneo de Arte en el salon Ideas, todo esto en lel marco de la feria provincial del libro.